2026 - Vol. 11. Artículo e12
Laura Puértolas Marin1, 2, Luana Prato Valderrama1, 2, José Mª López Chamorro3, 4, Saúl Alcaraz Garcia1 y 2
1Institut Nacional d’Educació Física de Catalunya (INEFC Pirineus), Universitat de Lleida (UdL), España; 2Grup d’Investigació Social i Educativa de l’Activitat Física i l’Esport (GISEAFE), SGR 1162, Barcelona, España; 3Universidad de Almería, España; 4Research Team, Health Research Centre, Department of Psychology, University of Almería HUM-878, España
Recibido a 28 de Febrero de 2026, Aceptado a 8 de Julio de 2026Resumen
El colapso colectivo del equipo se produce cuando, tras un rendimiento inicial satisfactorio, el equipo experimenta una disminución drástica y repentina del rendimiento durante la competición, sin posibilidad de recuperación a lo largo del partido. Este fenómeno consta de tres fases: antecedentes, eventos críticos y regulación emocional. Aunque ha sido estudiado de forma conjunta en diferentes deportes colectivos, las particularidades estructurales del voleibol justifican un análisis específico. El objetivo de este estudio es analizar el fenómeno del colapso colectivo en equipos de voleibol profesional a partir de las experiencias de deportistas y entrenadores, identificando los factores antecedentes, eventos críticos, reacciones emocionales, estrategias de regulación emocional y consecuencias cognitivas y comportamentales que configuran dicho proceso. Se realizó un análisis cualitativo deductivo-inductivo a partir de cuatro grupos focales con 18 participantes de equipos profesionales de voleibol de diferentes continentes, con edades entre 22 y 59 años, distribuidos en grupos de deportistas y entrenadores de modalidad femenina y masculina. Los datos se recopilaron y analizaron mediante la técnica de análisis de contenido jerárquico. Los resultados indican que el modelo mantiene numerosos factores previamente identificados e incorpora factores no documentados hasta ahora en los modelos de colapso colectivo, como la presencia del jugador de confianza/líder, los pensamientos negativos o las decisiones erróneas del entrenador. Además, los hallazgos evidencian una bidireccionalidad entre las fases de colapso y recuperación del rendimiento, donde las estrategias de regulación emocional, tanto intrapersonales como interpersonales, constituyen el eje principal mediante el cual el equipo puede gestionar o revertir el colapso. En conclusión, deportistas, cuerpo técnico y profesionales que desarrollan la psicología del deporte deberían considerar los factores antecedentes, los eventos críticos y las estrategias de regulación emocional implicadas en el colapso del equipo con el fin de gestionar el fenómeno o minimizar su impacto en el rendimiento colectivo.
Abstract
Collective team collapse occurs when, following an initially satisfactory performance, the team experiences a sudden and drastic decline in performance during a match, with no possibility of recovery throughout the remainder of the game. This phenomenon comprises three phases: antecedents, critical events, and emotional regulation. Although collective team collapse has been investigated across various team sports, the structural characteristics of volleyball warrant a sport-specific analysis. The aim of this study was to analyse the phenomenon of collective collapse in professional volleyball teams based on the experiences of athletes and coaches, identifying the antecedent factors, critical events, emotional reactions, emotional regulation strategies, and cognitive and behavioural consequences that shape this process. A deductive-inductive qualitative analysis was conducted based on four focus groups with 18 participants from professional volleyball teams across different continents, aged between 22 and 59, divided into groups of athletes and coaches from both the women’s and men’s disciplines. Data were collected and analysed using hierarchical content analysis. The results indicate that the model retains many previously identified factors and incorporating additional factors not previously documented incorporates factors not previously documented in models of collective collapse, such as the presence of a trusted player/leader, negative thoughts, and poor coaching decisions. Furthermore, the findings reveal a bidirectional relationship between the phases of collapse and performance recovery, where emotional regulation strategies, both intrapersonal and interpersonal, constitute the primary mechanism through which the team can manage or reverse the collapse. In conclusion, athletes, coaching staff, and sport psychology practitioners should consider antecedent factors, critical events, and emotion regulation strategies involved in team collapse to manage the phenomenon or to minimise its impact on collective performance.
Resumo
O colapso coletivo da equipa ocorre quando, após um desempenho inicial satisfatório, a equipa sofre uma diminuição drástica e repentina do desempenho durante a competição, sem possibilidade de recuperação ao longo da partida. Este fenómeno compreende três fases: antecedentes, eventos críticos e regulação emocional. Embora tenha sido estudado de forma abrangente em diferentes desportos coletivos, as particularidades estruturais do voleibol justificam uma análise específica de esta modalidade. O objetivo deste estudo foi analisar o fenómeno do colapso coletivo em equipas de voleibol profissional con base nas experiências de atletas e treinadores, identificando os fatores antecedentes, eventos críticos, reações emocionais, estratégias de regulação emocional e consequências cognitivas e comportamentais que configuram esse processo. Foi realizada uma análise qualitativa dedutivo-indutiva a partir de quatro grupos focais com 18 participantes de equipas profissionais de voleibol de diferentes continentes, com idades compreendidas entre os 22 e os 59 anos, distribuídos em grupos de atletas e treinadores das modalidades feminina e masculina. Os dados foram recolhidos e analisados através da técnica de análise de conteúdo hierárquica. Os resultados indicam que o modelo mantém numerosos fatores previamente identificados e incorpora fatores até agora não documentados nos modelos de colapso coletivo, como a presença de um jogador de confiança/líder, pensamentos negativos ou decisões inadequadas do treinador. Além disso, os resultados evidenciam uma relação bidirecional entre as fases de colapso e recuperação do desempenho, onde as estratégias de regulação emocional, tanto intrapessoais como interpessoais, constituem o principal mecanismo através do qual a equipa pode gerir ou reverter o colapso. Em conclusão, os atletas, equipas técnicas e profissionais da psicologia do desporto devem considerar os fatores antecedentes, os eventos críticos e as estratégias de regulação emocional envolvidas no colapso da equipa, a fim de gerir o fenómeno e minimizar o seu impacto no desempenho coletivo.
Palabras clave
voleibol, colapso del equipo, estrategias de regulación emocional, deportes colectivos, rendimientoKeywords
volleyball, collective team collapse, emotion regulation strategies, team sports, performancePalabras-chave
voleibol, colapso coletivo da equipa, estratégias de regulação emocional, desportos coletivo, desempenhoLicenciatura en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (INEFC), Universitat de Lleida (UdL), España. Máster Oficial en Investigación en Psicología de la Actividad Física y del Deporte, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), España. 0009-0005-3587-5856
Licenciatura en Psicología, Máster Oficial en Investigación en Psicología de la Actividad Física y del Deporte, Doctorado en Psicología de la Salud y del Deporte. Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), España. 0000-0002-8932-4735
Licenciatura en Psicología, Universidad de Sevilla, España. Máster Universitario en Psicología del Deporte y de la Actividad Física, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), España. Doctorado en Investigación en Psicología, Universidad de Extremadura, España. 0000-0003-2834-2654
Licenciatura en Psicología, Máster Universitario en Psicología del Deporte y de la Actividad Física, Doctorado en Psicología de la Salud y Psicología del Deporte. Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), España. 0000-0002-5720-8801
En la final olímpica de voleibol masculino de Londres 2012, Brasil dominaba 2 sets a 0 y tuvo dos pelotas de partido en el tercer set; sin embargo, terminó perdiendo 2 sets a 3 frente a Rusia, cuyo cambio táctico resultó definitivo ante la incapacidad de adaptación del equipo brasileño (International Olympic Comitee, 2012). Este caso ejemplifica el colapso colectivo del equipo, un fenómeno que ocurre ocasionalmente en el deporte de equipo y que consiste en un cambio repentino e inesperado en el rendimiento que altera drásticamente de forma negativa el curso de un partido (Apitzsch, 2006). El voleibol es un deporte de colaboración-oposición, pero sobre todo situacional, caracterizado por la rapidez de las acciones y la necesidad de tomar decisiones bajo un tiempo extremadamente limitado (Conejero et al., 2018; León-Zarceño et al., 2017). Asimismo, el conocimiento táctico de los jugadores está vinculado a la experiencia acumulada y a la cantidad de práctica semanal (Conejero et al., 2023), variables que adquieren especial relevancia en deportes de alta incertidumbre como el voleibol. Esta dinámica, derivada de la reglamentación del juego, en las restricciones tanto en el número como en la forma de contacto con el balón, genera un entorno de alta presión cognitiva y emocional (Coimbra et al. 2021). A esto se suman otras particularidades del juego, como la ausencia de contacto físico directo con el rival, la rotación obligatoria de posiciones, el sistema de puntuación por rally y las constantes pausas de juego. Este conjunto de particularidades configura un ecosistema psicológico distinto al de otros deportes de equipo y justifica la necesidad de adaptar los modelos previos de colapso colectivo a la realidad específica del voleibol. Dicho fenómeno ha sido objeto de sucesivas aproximaciones teóricas. En su formulación inicial, Apitzsch (2006, p.38) lo definió como un fenómeno que se produce “cuando la mayoría de los jugadores de un equipo rinden repentinamente por debajo de lo esperado en un partido, a pesar de un comienzo satisfactorio, o cuando un equipo rinde por debajo de lo esperado desde el principio de un partido”. En trabajos posteriores, Wergin et al. (2018, p.15) reconceptualizaron esta aproximación describiéndolo como “un bajo rendimiento repentino, colectivo y extremo de un equipo dentro de una competición, que se desencadena por una situación crítica que interfiere con la interacción del equipo, una pérdida de control del juego y, en última instancia, la incapacidad del equipo para recuperar su nivel de rendimiento anterior dentro del juego”. Esta situación negativa de rendimiento hace que tanto los deportistas como el cuerpo técnico no sepan cómo abordarla (Wergin, 2018). Así pues, el presente estudio tiene como guía principal para explorar el fenómeno, el modelo teórico de Colapso Colectivo del Equipo de Wergin y coautores (2018, 2019, 2025). De acuerdo con esta conceptualización, se propone que el colapso del equipo es un fenómeno constituido por diferentes fases (Wergin et al., 2018). En primer lugar, se identifican los factores antecedentes, definidos como aquellos elementos latentes en el equipo previos al bajo rendimiento, tales como la mala preparación o el exceso de autoconfianza (Apitzsch, 2019; Wergin et al., 2019). Seguidamente se encuentra el evento crítico, definido como un suceso concreto dentro del juego que actúa como detonante del colapso, como puede ser un cambio táctico del rival (Apitzsch, 2009) o la acumulación de errores no forzados (Apitzsch, 2009; Wergin et al., 2018). La confluencia de un factor antecedente con un evento crítico incrementa la probabilidad de que dicho colapso se desencadene (Wergin, 2024). Una vez desencadenado el colapso, los deportistas experimentan una reacción emocional ante el fenómeno, como la desesperación o la ira (Apitzsch, 2019; Wergin et al., 2025). Dependiendo de cómo gestionen las emociones experimentadas ante el colapso, el equipo se dirigirá hacia el camino del colapso, si la gestión es ineficaz, o hacia el camino de la recuperación del rendimiento, si la gestión es funcional. En ambos casos, las estrategias de regulación emocional empleadas pueden ser intrapersonales o interpersonales. Por un lado, en el camino al colapso, a nivel intrapersonal destaca la expresión de emociones negativas (Apitzsch, 2009) y a nivel interpersonal la falta de interacción. Por otro lado, en el camino a la recuperación del rendimiento, a nivel intrapersonal sobresale la aceptación de errores y a nivel interpersonal la calma contagiosa (Wergin et al., 2025). Como resultado de la aplicación de las estrategias de regulación emocional, surgen factores cognitivos y comportamentales específicos en cada trayectoria (Wergin et al., 2018, 2019). Así, en el camino al colapso, a nivel cognitivo se manifiestan la inseguridad o las dudas (Wergin et al., 2018) y a nivel comportamental una disminución considerable de la comunicación (Apitzsch 2019; Wergin et al., 2018). De forma contrapuesta, en el camino a la recuperación del rendimiento, como factor cognitivo destaca la proactividad en el juego y como factor comportamental la estrategia conjunta (Wergin et al., 2025). Además, el modelo de Wergin et al. (2025) presenta una estructura lineal en la que las trayectorias de colapso y recuperación del rendimiento son mutuamente excluyentes, sin posibilidad de transición entre ellas. Frente a esta cascada de eventos, la literatura ha identificado factores psicológicos individuales que actúan como amortiguadores ante la presión competitiva, entre los que destacan la resiliencia y el grit (Gupta y McCarthy, 2022; Martin et al., 2025). Estos constructos sostienen el bienestar psicológico y el rendimiento en contextos deportivos exigentes, de modo que la presencia de deportistas con altos niveles de estos recursos puede actuar como freno frente a la propagación del afecto negativo en el equipo y modular su vulnerabilidad colectiva al colapso. En esta línea, la noción de resiliencia de equipo extiende el constructo al plano grupal y se define como la capacidad colectiva del grupo para responder de forma adaptativa ante la adversidad compartida (Morgan et al., 2013, 2019). Atendiendo a que las emociones desempeñan un papel fundamental en el colapso del equipo, la regulación emocional ha sido propuesta como una estrategia prometedora para intervenir positivamente en este proceso (Wergin et al., 2025). De acuerdo con el Modelo Integrativo de Autorregulación para el Deporte y el Ejercicio (Latinjak, 2025), la autorregulación emocional es un proceso en el cual los individuos se adaptan y les permite hacer ajustes continuos en sus estrategias como respuesta a la experiencia y a las demandas cambiantes del juego. Así, les permite gestionar sus emociones, motivación y rendimiento bajo presión (Latinjak, 2025). Además, la autorregulación emocional intrapersonal constituye uno de los mecanismos que explica el desarrollo del colapso y su recuperación. De acuerdo con dicho modelo, los deportistas recurren al uso de diferentes estrategias para lograr un mismo objetivo de regulación (Latinjak, 2025). Por un lado, el modelo plantea las estrategias orientadas al cambio como el afrontamiento orientado al problema (Nicholls y Polman, 2007), el afrontamiento orientado a la emoción (Poczwardowski y Conroy, 2002) y la regulación emocional orientada a la respuesta (Lane et al., 2012). Además, explica el uso de estrategias orientadas a la percepción, por las que el individuo cambia la percepción que tiene ante una situación externa o su reacción hacia la situación. Pueden hacerlo a través de la parte atencional (Gross, 2015), de reevaluación cognitiva (Webb et al., 2012) y de la autopercepción (Doorley et al., 2022; Neff, 2003). Asimismo, el modelo explica las estrategias orientadas a la evitación como pueden ser la de retirarse físicamente de la situación, el desconectarse mentalmente de la situación ya sea por distracción o por supresión (Nicholls y Polman, 2007), y la autorregulación compensatoria de carácter autoindulgente o impulsiva (de Grace et al., 2017; Martens et al., 2003). Un concepto importante en el Modelo de Autoregulación Emocional de Latinjak (2025) es el del agotamiento del ego o fatiga mental creada por ejercer control mental (Baumeister et al., 1994, 2018). Según el autor, el autocontrol constituye un recurso limitado que, al ser utilizado de manera intensiva, puede experimentar un proceso de agotamiento. En consecuencia, los deportistas presentan fatiga autorreguladora tras esfuerzos emocionales o cognitivos prolongados, lo cual repercute negativamente en su rendimiento y aumenta la probabilidad de cometer errores (Englert, 2016). Si bien los intentos de regular las emociones de forma individual se han asociado con un rendimiento superior (Tamminen y Gaudreau, 2014; Tamminen et al., 2019), esto no implica necesariamente que la regulación emocional siempre conduzca a mejores resultados (Wagstaff, 2014). Además de los procesos de regulación emocional intrapersonal, los deportistas despliegan estrategias de regulación emocional interpersonal (IER), entre ellos (Tamminen y Crocker, 2013; Tamminen et al., 2016). Así, la IER hace referencia a las acciones conscientes dirigidas a influir en las respuestas emocionales de otros (Niven et al., 2009). Esta dimensión interpersonal cobra especial relevancia dado que el contagio emocional, entendido como la transmisión social de emociones no funcionales (Hatfield et al., 1992), puede deteriorar el rendimiento del equipo (Moll et al., 2010). Asimismo, la naturaleza colectiva del colapso implica que las interacciones emocionales entre deportistas también determinan la evolución del colapso del equipo y su posible recuperación (Wergin et al, 2025). Por este motivo, es relevante analizar qué estrategias de regulación interpersonal ponen en marcha los deportistas durante los momentos de colapso colectivo. En investigaciones anteriores (Apitzsch 2009; Wergin et al. 2018, 2019, 2025) se ha estudiado el fenómeno del colapso colectivo del equipo en diferentes tipos de deportes colectivos de forma conjunta. A pesar de que este enfoque ha permitido desarrollar una visión global e integradora del fenómeno, para entender mejor el funcionamiento de las causas del colapso del equipo y disponer de más información para mejorar la intervención psicológica del colapso colectivo, este estudio se ha centrado en un deporte de equipo en concreto, el voleibol. Así, el objetivo del presente estudio es analizar el fenómeno del colapso colectivo en equipos de voleibol profesional a partir de las experiencias de deportistas y entrenadores, identificando los factores antecedentes, eventos críticos, reacciones emocionales, estrategias de regulación emocional y consecuencias cognitivas y comportamentales que configuran dicho proceso. Este análisis permitirá comprender el funcionamiento de este fenómeno en este deporte y aportar un modelo explicativo capaz de proporcionar herramientas prácticas al cuerpo técnico, deportistas y profesionales que trabajan la psicología del deporte para intervenir en este fenómeno. Diseño de Investigación Para conocer cómo se desarrolla el colapso colectivo en el deporte de voleibol profesional, esta investigación se enmarca en un paradigma filosófico post-positivista (Tamminen y Poucher, 2020) al basarse en el modelo de colapso colectivo del equipo de Wergin (2018, 2019, 2025). Se sustenta el enfoque en una posición ontológica de realismo crítico, el cual reconoce que la realidad externa se mantiene como un referente único e independiente del observador; si bien puede conocerse cada vez mejor, no se puede alcanzar su comprensión plena (Lincoln et al., 2011; Tamminen y Poucher, 2020). Asimismo, se adopta una postura epistemológica dualista/objetivista modificada, cuyo propósito es reconocer y gestionar metodológicamente la influencia de los investigadores y generar un conocimiento con el mayor grado de rigor que la metodología permita (Tamminen y Poucher, 2020). En cuanto al diseño, se empleó una metodología cualitativa para explorar las perspectivas de jugadoras, jugadores y entrenadores de voleibol profesional sobre sus experiencias y percepciones respecto al fenómeno del colapso colectivo de equipo y de la recuperación del rendimiento mediante entrevistas en grupos focales (Smith y Sparkes, 2017). Los grupos focales constituyen un método idóneo para indagar en las vivencias, actitudes y opiniones que los individuos atribuyen a un fenómeno social específico (Sparkes y Smith, 2014). La razón por la cual se decidió implementar un diseño de entrevista en grupo focal fue por la interacción que se genera entre los participantes ya que enriquece la generación de datos (Barbour y Morgan, 2017; Escobar y Bonilla-Jiménez, 2009; Nyumba et al., 2018; Prosser et al., 2024). Participantes Para seleccionar a las personas participantes de este estudio se decidió seguir un muestreo intencional basado en criterios y un muestreo de máxima variación (Sparkes y Smith, 2014). De este modo, se siguieron tres criterios: (a) ser deportistas o entrenadores profesionales de voleibol (describiendo como profesionales las primeras ligas del país o selección nacional absoluta), (b) estar en activo en el momento de la entrevista, y (c) tener un mínimo de cinco años de experiencia a nivel profesional. Además, se incluyeron participantes de ambas modalidades, tanto femenina como masculina, tanto entrenadores como deportistas, siguiendo un muestreo de máxima variación. Se implementaron estos criterios para garantizar que los participantes tuvieran la experiencia y conocimientos necesarios para proporcionar evidencia empírica consistente y relevante (Sparkes y Smith, 2014). De esta manera, en el estudio se incluyeron en total 18 personas, de las cuales 9 fueron deportistas (4 jugadoras y 5 jugadores) y 9 entrenadores, todos ellos hombres, con una edad promedio de 36.16 años (DT = 9.87). La muestra estuvo formada mayoritariamente por participantes con trayectoria deportiva en contextos europeos y sudamericanos, todos ellos en activo en ligas profesionales y residentes en los países donde competían, y habían permanecido en sus respectivos equipos entre 1 y 5 años (M = 1.72, DT = 1.31). Entre sus principales logros internacionales se registraron participaciones en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (n = 1), el Campeonato del Mundo (n = 4), los Juegos Panamericanos (n = 1), la Volleyball Nations League (n = 4) y los Juegos de los Pequeños Estados de Europa (n = 2). Se distribuyó a los participantes en cuatro grupos focales según el rol y el sexo, conformándose así un grupo focal de jugadoras (n = 4), uno de jugadores (n = 5), uno de entrenadores de equipos femeninos (n = 4) y uno de entrenadores de equipos masculinos (n = 5). Esta distribución se realizó con el propósito de evitar dinámicas jerárquicas que pudieran inhibir el discurso de los participantes, garantizando que cada grupo pudiera expresarse libremente sin la presencia de figuras de autoridad o de roles diferenciados dentro del mismo grupo focal. Cabe señalar que todos los entrenadores que participaron en este estudio eran hombres y dirigían equipos tanto femeninos como masculinos. Instrumento Para la recogida de datos se elaboró una guía de entrevista semiestructurada fundamentada en el modelo de entrevista de Wergin et al. (2018) y en el Modelo de Colapso Colectivo del Equipo (Wergin, 2018, 2019, 2025). La guía se organizó en cuatro secciones generales: (a) definición del colapso del equipo, (b) antecedentes, (c) eventos críticos y (d) estrategias de regulación emocional. Para empezar, se invitó a los participantes a que describieran el fenómeno del colapso colectivo del equipo con sus palabras en base a su experiencia en los diferentes partidos que les había sucedido el fenómeno del colapso. A continuación, se compartieron preguntas relacionadas con los factores antecedentes que ocurrieron antes del colapso del equipo. Seguidamente, se presentaron preguntas relacionadas con el evento crítico y, para finalizar, se exploraron las estrategias de regulación emocional que habían implementado, así como los factores cognitivos y comportamentales que habían experimentado como consecuencia del colapso. Con el fin de dinamizar la interacción durante las sesiones grupales, se incorporó una actividad apoyada en el uso de una pizarra virtual, recurso descrito por Sparkes y Smith (2014), que permitió a los participantes expresar y organizar colectivamente sus ideas, generando datos visuales co-construidos. Así, al finalizar cada bloque temático, se pidió a los participantes que sintetizaran en unas palabras representativas su experiencia escribiéndolas en la pizarra virtual. Para validar la claridad y pertinencia de esta guía de entrevista se realizó una prueba piloto con un grupo focal de cinco participantes (4 hombres y 1 mujer; M = 42.2, DT = 12.79), todos ellos entrenadores de voleibol de equipos femeninos de categorías formativas y sénior de la liga federada de Cataluña. Se observó que el guion y la dinámica de la entrevista eran adecuados para la recopilación de datos. No obstante, se decidió modificar el momento de aplicación de la actividad de síntesis, situándola al inicio de cada bloque temático para favorecer la interacción y evitar redundancias. Finalmente, todos los autores revisaron y debatieron el guion de la entrevista y la propuesta de actividad de síntesis con el propósito de obtener un guion de entrevista final el cual se puede consultar en el Material Suplementario (Anexo). Procedimiento Tras la aprobación del Comité de Ética de Investigación y Transferencia de la Universitat de Lleida (referencia 5ZpiKK6cVM, 17 de julio de 2025), se invitó a las personas participantes a este proyecto a través de contactos profesionales de la primera autora, quien ha trabajado en un entorno estrechamente vinculado al voleibol profesional. Se enviaron invitaciones por correo electrónico y redes sociales a clubes de voleibol profesional y a la Selección Española de Voleibol. Aquellas personas que manifestaron interés y cumplían los criterios de inclusión recibieron la información detallada del estudio, incluyendo sus objetivos, las condiciones de participación, la confidencialidad de los datos, el carácter voluntario de su colaboración y la posibilidad de abandonar la investigación en cualquier momento sin penalización, junto con el consentimiento informado. El presente estudio se llevó a cabo de acuerdo con los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki para la investigación con seres humanos (World Medical Association, 2013). Se acordaron las fechas y horarios de los grupos focales a través de la web Doodle. Al inicio de cada encuentro se verificó que todos los participantes hubieran firmado el consentimiento informado y se comunicaron nuevamente los objetivos del estudio. La primera autora dirigió y moderó los encuentros en lengua española, con apoyo de la segunda autora, realizando preguntas aclaratorias y manteniendo la motivación y la participación de todos los miembros del grupo focal (Escobar y Bonilla-Jiménez, 2009). Las entrevistas se llevaron a cabo en julio de 2025. Se realizaron de manera virtual a través de la plataforma Zoom y fueron grabadas en vídeo y audio en formato sincrónico (Sparkes y Smith, 2014). Tuvieron una media de duración de M = 93 minutos y (DT = = 11.3). Una vez finalizadas, se realizó una transcripción verbatim con las grabaciones de audio correspondientes a cada sesión de grupo focal, siguiendo el procedimiento descrito por Sparkes y Smith (2014). Las transcripciones dieron como resultado 96 páginas de texto a espacio simple. Análisis de Datos Tras la transcripción de los cuatro grupos focales se realizó un proceso de análisis abductivo (i.e., deductivo-inductivo; Sparkes y Smith, 2014). En primer lugar, se implementó un análisis deductivo mediante la técnica de análisis de contenido jerárquico (Sparkes y Smith, 2014), la cual se fundamentó principalmente en el modelo de Colapso Colectivo del Equipo de Wergin et al. (2018, 2019, 2025), y en el modelo Integrativo de Autorregulación para el Deporte y el Ejercicio de Latinjak (2025), y las aportaciones empíricas de Tamminen y Crocker (2013) para abordar las estrategias de regulación emocional. Con este proceso se identificaron patrones, se organizaron los datos en categorías y se exploraron las maneras en que estos patrones interactúan de forma jerárquica (Sparkes y Smith, 2014). En segundo lugar, se realizó un análisis inductivo del cual emergieron códigos y categorías presentados de manera distinta al modelo base. Para el proceso de análisis de contenido jerárquico se siguieron las seis fases propuestas por Sparkes y Smith (2014): (a) la primera y segunda autora realizaron una lectura repetida de las transcripciones para familiarizarse con el material; (b) la primera autora identificó los temas iniciales; (c) ambas autoras de manera individual agruparon estos temas en categorías más amplias (antecedentes, eventos críticos, estrategias de regulación emocional y factores cognitivos y conductuales), y posteriormente las valoraron para crear un análisis conjunto; (d) se discutieron dichas categorías con el tercer y cuarto autor, quienes sugirieron cambios y mejoras en la estructura de la organización de los datos como en los nombres de códigos y categorías; (e) se efectuó una verificación cruzada para asegurar la representación adecuada de los temas; y (f) la primera y segunda autora organizaron los resultados en una figura jerárquica, posteriormente revisada y consensuada por las cuatro autoras. En cada grupo focal, previamente al cierre de cada bloque temático y a la apertura del siguiente, se formulaba una pregunta abierta en la que se invitaba a las personas participantes a valorar si lo expuesto resultaba coherente con su propia experiencia y a añadir matices, reformulaciones o manifestar acuerdo o desacuerdo con lo expresado. De este modo, la dinámica de los grupos focales permitía recoger las reformulaciones y precisiones que los participantes introducían a lo largo de la interacción. Posteriormente, el procedimiento de codificación independiente y verificación cruzada entre ambas autoras permitió contrastar las interpretaciones iniciales con dichas reformulaciones, garantizando que las afirmaciones se interpretaran en el contexto global de cada sesión y no de forma aislada. Para garantizar el rigor analítico, se utilizaron bitácoras de códigos como herramientas dinámicas de registro y definición de los códigos asociados a los temas y categorías (Saldaña, 2009). Se elaboraron dos bitácoras en formato de hoja de cálculo, cada una con una estructura distinta y complementaria. La primera se organizó en cuatro pestañas correspondientes a los grupos de participantes, donde se clasificaron las citas según el código individual y las categorías analíticas. La segunda se estructuró en cinco pestañas, una por cada categoría del modelo de colapso del equipo, incorporando los códigos temáticos, los grupos de participantes y la frecuencia de citas por grupo. Esta doble sistematización facilitó la coherencia interna del análisis y una representación exhaustiva de los datos (Sparkes y Smith, 2014). El proceso de análisis abductivo lo lideraron la primera y la segunda autora, aportando nuestra experiencia en investigación cualitativa en deporte para dotar de rigor y profundidad al tratamiento de los datos. El tercer y cuarto autor actuaron como critical friends contribuyendo críticamente al proceso en la cuarta y sexta fase del proceso de análisis (Smith y McGannon, 2017). La participación de todo el equipo de investigación en el proceso analítico y la comparación sistemática de las interpretaciones contribuyeron a reconocer y gestionar metodológicamente la influencia de la subjetividad individual y a fortalecer la credibilidad del proceso de análisis, en consonancia con el posicionamiento filosófico del post-positivismo (Tamminen y Poucher, 2020). El perfil profesional del equipo de investigación está formado por cuatro perfiles complementarios. La primera autora es licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, máster en Psicología del Deporte y estudiante de doctorado en Actividad Física y Deporte. La segunda autora es psicóloga, doctora en Psicología del Deporte y experta en metodologías cualitativas. El tercer y el cuarto autor son psicólogos y doctores en Psicología del Deporte. Esta combinación de perfiles aporta rigor metodológico al análisis de los datos y a la construcción del artículo. Los resultados del estudio se presentan en cinco temas centrales: (a) antecedentes, (b) eventos críticos, (c) reacción emocional, (d) camino al colapso colectivo, y (e) camino a la recuperación del rendimiento. Estos temas se han agrupado y ordenado siguiendo el Modelo de Colapso del Equipo propuesto por Wergin y colaboradores (2018, 2019, 2025), integrando las perspectivas y experiencias tanto de deportistas como de entrenadores entrevistados. Esta estructura ayuda a identificar y comprender de manera progresiva cómo se configura, se desencadena y se gestiona un colapso colectivo en el contexto del voleibol de alto rendimiento. Asimismo, tras el análisis de contenido, se organizaron los factores jerárquicamente de acuerdo con la cantidad de participantes que los habían nombrado (véase la Figura 1). Así, los factores ubicados en la parte superior de las categorías corresponden a los más nombrados. En esta Figura 1, los factores del modelo original aparecen en color negro, mientras que las aportaciones nuevas se muestran en color azul; asimismo, las flechas negras indican las conexiones ya establecidas en el modelo, y las flechas azules reflejan las relaciones emergentes entre los bloques de colapso y recuperación del rendimiento. Los resultados los hemos obtenido mediante el proceso de análisis deductivo-inductivo que ha permitido complementar la propuesta original del Modelo de Colapso Colectivo del Equipo. Figura 1 Modelo de colapso colectivo del equipo en voleibol, basado en el Modelo de Colapso Colectivo del equipo de Wergin et al. (2025). Los números entre paréntesis reflejan únicamente el número de menciones por parte de los participantes. El color azul hace referencia a la aplicación y especificación del modelo al voleibol mediante códigos obtenidos de forma inductiva en este estudio. El color negro reafirma el modelo de Wergin et al. (2025) obtenido de forma deductiva. ![]() Antecedentes De acuerdo con el Modelo de Colapso Colectivo, los factores antecedentes incrementan la probabilidad de un colapso de equipo al estar presentes antes de que se manifieste el bajo rendimiento, predisponiendo al equipo al colapso colectivo (Wergin, 2019). Los resultados del estudio evidencian que dichos antecedentes pueden agruparse en dos categorías principales: factores organizacionales y factores internos del equipo. Dentro de los factores internos se distinguen los factores físicos y los psicosociales, y estos últimos se subdividen en factores de gestión de equipo y factores de gestión de partido. En cuanto a los factores organizacionales, estos hacen referencia a los elementos inherentes a la estructura, la gestión y la cultura del equipo que pueden llegar a influir en el rendimiento. Se reportaron factores como la cultura deportiva, donde los participantes argumentaban que “hay factores externos que influyen al equipo y al jugador (…) que tienen que ver con lo que puede llegar a venir de la gente, del lugar, del contexto en donde se vive, en donde se compite, y como eso afecta en el equipo” (JM4). El EF3 explicó: “...para mí es muy importante la idiosincrasia (...) yo en Suecia me meto la mano en los bolsillos para dirigir el equipo y (…) estoy mostrando indiferencia hacia el grupo, o ellos lo entienden así y las chicas lo entienden así. El lenguaje no verbal de las manos en los bolsillos en Suecia es indiferencia, es muy importante eso, lo que ese grupo necesita. Y ahí entramos nosotros en que pongamos voluntad por entender al grupo, yo me tengo que adaptar al grupo”. Además de la cultura deportiva, se identificaron otros posibles antecedentes organizacionales, como las dificultades asociadas al desplazamiento al partido, la escasez de jugadores en la plantilla y los problemas salariales, especialmente cuando los pagos son bajos o se realizan con retraso. Por un lado, los factores internos del equipo de carácter físico corresponden a condiciones de carácter corporal y de preparación inherentes a la configuración del equipo. Los participantes destacaron que los factores de mala preparación y agotamiento físico pueden predisponer al equipo al colapso. El JM3 describió cómo la baja calidad de los entrenamientos durante la semana se reflejó directamente en el rendimiento competitivo: “... a lo largo de la semana ya se notaba que el rendimiento del equipo no era del todo el que debíamos tener en los entrenamientos. Las semanas que hemos entrenado peor, es cuando la mayoría de veces se ha dado que hemos colapsado en el partido, por la baja intensidad de los entrenamientos”. Por otro lado, los factores internos psicosociales de gestión del equipo hacen referencia a las condiciones, la organización y el entorno del equipo. El factor de falta de confianza se identificó como el antecedente más mencionado, expresado por el 77% de los participantes. Esta falta de confianza se manifiesta con dudas sobre la propia capacidad, inseguridades y una predisposición mental derrotista. El EM4 lo expresó de la siguiente manera: “… la mentalidad de decir: vamos a jugar contra el mejor equipo y quizá nosotros no somos tan buenos ya vamos a perder, esa mentalidad perdedora (...) ya es por darlo como por regalado o darlo por perdido de antemano”. Junto a la falta de confianza, se identificaron otros factores como el aumento de la presión, los pensamientos negativos, el exceso de autoconfianza, la edad junto con la experiencia del jugador, la falta de concentración, la falta de un jugador de confianza o líder en el equipo y por último la sobreexcitación de los deportistas. Por último, los factores internos psicosociales de gestión del partido hacen referencia a los elementos de planificación, coordinación y ejecución del partido. El antecedente mencionado por el 83% de los participantes fue la relevancia del partido, ya que los colapsos colectivos se produjeron con mayor frecuencia en encuentros decisivos. La JF2 relató varios episodios de este tipo: “... hemos tenido varios colapsos colectivos en ciertos momentos importantes de la temporada, como fueron la final de la Copa de la reina, (…) y el partido de play-off, tanto el primer partido siempre que jugábamos de play-off como en cuartos y en semifinales los perdimos y fueron partidos en los que hubo colapso colectivo.” Además, el 72% de los participantes señalaron las expectativas previas al partido como un antecedente significativo, especialmente cuando el equipo acude convencido de que ganará con facilidad. Como explicó el JM1: “… tienes una idea de que vas a hacer un buen partido y de repente te encuentras con otra realidad dentro del campo, ¿no?, eso a veces te choca y te deja bloqueado.” Otros factores mencionados fueron la intuición de que va a ir mal el encuentro “… ya el partido tiene mala pinta” (JM3) y, la orientación al resultado, que lleva a centrarse únicamente en ganar en lugar de atender el proceso de juego. Eventos Críticos Los eventos críticos constituyen desencadenantes inmediatos del colapso colectivo y, de acuerdo con los análisis realizados, los hemos clasificado según dos categorías: su origen, externo o interno al equipo, y su frecuencia, eventos únicos o repetitivos. Esta organización permitió distinguir con claridad los aspectos situacionales que precipitan el deterioro agudo del rendimiento. Aunque el 50% de los participantes coincidieron en que el colapso suele producirse cuando el equipo titular está en pista, en su mayoría no pudieron identificar un momento exacto del partido en el que ocurre; sin embargo, varios señalaron que tiende a manifestarse en puntos clave o momentos cruciales de los encuentros. Con respecto a los eventos críticos externos, estos corresponden a factores sobre los que el equipo no ejerce control, siendo generados por agentes externos como el equipo rival. Estos factores se han agrupado en dos subcategorías, aquellos que se perciben como un evento único y aquellos que se perciben como eventos repetitivos. El evento único externo más mencionado fue el cambio de táctica del rival, descrito por varios participantes como una situación en la que su equipo no logra adaptarse y lo lleva a la pérdida de puntos. Tal como explicó el EM3: “… que el equipo esté preparado para un partido y de repente el equipo adversario cambie la táctica, o hace algo diferente y te saca del foco y ya ahí se genera un colapso”. Entre los eventos repetitivos externos, destacó la acumulación de puntos del adversario, especialmente cuando éste remonta una ventaja amplia, lo que deteriora progresivamente el estado emocional y el rendimiento del equipo. El JM2 lo describió así: “…tú tienes una ventaja de varios puntos en el set y el equipo rival lo remonta, ya sea porque de repente ese equipo comienza a jugar mejor (…) y al final pierdes esa ventaja”. Los eventos críticos internos también los agrupamos como únicos o repetitivos. El evento único interno mencionado por más participantes fue la lesión del jugador clave, circunstancia que ocasiona una desestabilización en el equipo. El EM1 lo expresó de manera clara: “Veníamos ganando 2 a 0 y un jugador que estaba jugando muy bien se lesiona, se golpea la cabeza y tiene que salir del partido. El equipo de repente pierde la referencia que tenía del jugador que mejor estaba jugando y no supimos sobreponernos a la falta de un jugador clave por lesión”. Otros eventos únicos internos mencionados fueron una decisión arbitral percibida como errónea, cuando el cuerpo técnico decide que jueguen todos los deportistas poniendo a los suplentes a jugar y la desconfianza en el doble cambio. Finalmente, los eventos repetitivos internos los relacionamos con patrones de deterioro progresivo del rendimiento. El más mencionado fue la acumulación de errores no forzados, en el que se concatenan errores y esto hace que se produzca el colapso. Un entrenador lo explicó así: “los errores sucesivos por ahí son desencadenantes, ¿no?, entonces empezó a encadenar errores, errores, errores, errores sucesivos (…) y todas estas cosas se van encadenando una a la otra que hace que el equipo entre en ese loop que no puede salir.” (EF2). Otros eventos repetitivos de carácter interno son el bajo rendimiento del jugador clave, el tener un menor nivel de juego respecto al rival, que el equipo pierda el foco de lo que se tiene que hacer, que los deportistas tengan pensamientos negativos reiteradamente y que el equipo entre en un estado de relajación cuando van ganando de bastantes puntos o por dos sets en el partido. Reacción Emocional Tras la aparición de un evento crítico, los equipos experimentan un conjunto de reacciones emocionales que influyen directamente en la evolución del rendimiento. La emoción más reportada por los participantes de este estudio fue la impotencia o desesperación, mencionada por el 38% de ellos. Ambas emociones comparten un trasfondo experiencial común de pérdida de control, si bien su expresión presentó matices diferenciados según el sexo de los participantes. En las jugadoras, la desesperación se articuló como una vivencia prolongada, vinculada a la acumulación de elementos negativos durante el partido (errores reiterados, falta de comunicación) y a la sensación de no encontrar salida. La JF2 lo expresó de este modo: “…cuando había un momento de colapso, sentíamos desesperación de no saber qué hacer en ese momento para poder salir de eso, de esos errores, de esa falta de comunicación, un poco de todo lo negativo”. En los jugadores, la impotencia se articuló en torno a la incapacidad de actuar y revertir la situación, percibida como ajena al propio control y conectada con otras emociones como el enfado o la frustración. El JM3 compartió: “… la sensación de impotencia que tiene el equipo ante alguna situación que no puede resolver, ya porque piensas que no está en tu mano, en la mano del equipo… sobre todo lo describiría como impotencia de no saber qué hacer para resolverlo”. Esta diferenciación sugiere que, aunque la experiencia de pérdida de control sea compartida, las jugadoras y los jugadores la describen con etiquetas afectivas distintas según el sexo, lo que apunta a posibles diferencias en cómo cada sexo vive y comunica el colapso colectivo. Además de la impotencia y la desesperación, los participantes identificaron otras reacciones emocionales asociadas al colapso. Entre ellas, la ira “porque las cosas no están saliendo, o porque el rival está jugando mejor, está haciendo las cosas mejor” (JM5); la frustración “aunque trates de volver a jugar a tu nivel, que sabes que puedes darlo, estás tan frustrado que no puedes volver a tu nivel en ese partido” (JM2); el miedo “íbamos ganando 2-1 y el cuarto set lo teníamos para cerrar, el equipo rival estaba mal... el miedo que te genera hacerte cargo de una situación de un partido que voy a ganar, generó ese colapso”(EM4); la ansiedad “de querer ganar ya” (JF1); y la sorpresa “durante el partido se suceden errores y pilla como de sorpresa, como algo inesperado” (EF1). En síntesis, los resultados evidencian la intensidad y la variabilidad de la reacción emocional. Resultados Relacionados con el Rendimiento Tras la reacción emocional al evento crítico pueden surgir dos trayectorias: una hacia el colapso colectivo, asociada a estrategias de regulación emocional ineficaces, y otra hacia la recuperación del rendimiento, vinculada a estrategias eficaces. Estas estrategias se clasifican en intrapersonales, realizadas por un individuo, e interpersonales, realizadas por varios miembros del equipo. Así, el presente estudio se ha basado en el Modelo Integrativo de Autorregulación para el Deporte y el Ejercicio de Latinjak (2025) para la regulación emocional intrapersonal, y en la propuesta de Tamminen y Crocker (2013) para las estrategias de regulación emocional interpersonales. El análisis de los datos llevó a evidenciar que la relación entre ambos caminos, colapso y recuperación no son unidireccional. Es decir, de acuerdo con los resultados del estudio, los equipos pueden oscilar entre ambos caminos, pasando de un estado de deterioro a uno de recuperación y, en ocasiones, regresando nuevamente al colapso. Camino al Colapso del Equipo El camino al colapso del equipo se caracteriza por un uso ineficaz y sostenido de las estrategias de regulación emocional. Dichas estrategias ineficaces se presentan tanto a nivel intrapersonal como interpersonal. Como consecuencia, se generan factores cognitivos y comportamentales que refuerzan dinámicas disfuncionales que favorecen que el equipo se mantenga en el colapso. Esfuerzos de Regulación Intrapersonal En el ámbito de la regulación emocional intrapersonal, el 55% de los participantes describieron una tendencia a expresar emociones negativas como forma de desahogo, especialmente a través de gestos faciales tras cometer un error. Tal como señaló el JM1: “...tú puedes fallar un ataque y poner una mala cara, y a veces el poner una mala cara o un mal gesto puede afectar más que una palabra.” Además de estas expresiones visibles, los participantes mencionaron otras respuestas ineficaces, como el bloqueo emocional ante la situación de colapso o la represión de emociones con la intención de no agravar el clima emocional del equipo. Estas estrategias, sin embargo, no contribuyen a la regulación adaptativa y tienden a intensificar la emoción experimentada y sus consecuencias negativas. Esfuerzos de Regulación Interpersonal En cuanto a las estrategias de regulación emocional interpersonal, el 77% de los participantes coincidieron en que la falta de herramientas del entrenador a la hora de afrontar el colapso del equipo hace que el colapso se mantenga. El EF4 describió la aplicación sucesiva de múltiples recursos sin éxito: “…intentas como entrenador primero desde una postura mucho más suave, después buscas la bronca a ver si hay reacción, después intentas lo táctico, técnico. Intentar darle la vuelta a todo porque cuando hay colapso un entrenador lo intenta todo para traerlas de vuelta.” Asimismo, se identificaron otras estrategias interpersonales ineficaces, como la comunicación inapropiada del entrenador, la falta de interacción entre los miembros del equipo, la ausencia de positividad, la evasión de la regulación emocional y la culpabilización mutua, todas ellas asociadas a un deterioro del clima grupal en relación con la unión, la comprensión y el entendimiento. Factores Cognitivos y Comportamentales Las estrategias de regulación emocional ineficaces generan una serie de consecuencias cognitivas y comportamentales que consolidan el colapso. En el plano cognitivo, el factor más mencionado por el 66% de los participantes fue la inseguridad o las dudas que les genera el encadenamiento de errores. También se reportó que el colapso de un jugador clave o líder del equipo aumenta aún más la sensación de inseguridad. La JF3 lo expresó así: “... la duda, para mí es dudar de lo que puedes hacer, de lo que sabes hacer, individualmente y como equipo… Empiezas a dudar que tu compañera puede hacer el punto, o que tú puedes sacar un balón, bueno, eso de dudar”. También se describieron otros procesos cognitivos desadaptativos, como la confusión, la falta de confianza individual y colectiva, el abandono del equipo, la individualización, las expectativas fallidas, la falta de responsabilidad, la reactivación de experiencias previas negativas, el bloqueo mental, la incapacidad para interiorizar indicaciones, la presión excesiva, una atmósfera de acción y la orientación preventiva. En cuanto a las consecuencias comportamentales, el factor mencionado por más participantes fue la toma de decisiones erróneas por parte del entrenador, expresada por el 50% de los participantes. Estos expresaron que esa elección incorrecta o desacertada del entrenador hace que el equipo se mantenga en colapso. El JM1 lo explicó así: “… si tú un colocador que es preciso, y en ese partido pues no está colocando bien (…) y el entrenador decide no cambiarlo, porque es una pieza importante, y sigue jugando, no está fino como suele estar y los compañeros lo saben, pues eso al final crea dudas (…) a su alrededor, ¿no?, por muy líder que sea, puede llegar a influir.” Otras consecuencias comportamentales descritas por los participantes son la disminución considerable de la comunicación tanto del entrenador hacia los deportistas como entre los deportistas, el colapso en el sistema de juego propio, el contagio del bajo rendimiento entre los deportistas, el culpabilizar a los compañeros por el fallo cometido, tener una prisa frenética por marcar punto para salir del colapso lo que hace que se apresuren en las acciones, tener un juego prudente para intentar no fallar, la dificultad para puntuar “…el punto del equipo contrario vale doble y a ti para hacer un punto te cuesta una barbaridad” (JF2) y la inmovilidad de los deportistas al no ir a buscar el balón para jugarlo. En conjunto, estas consecuencias cognitivas y comportamentales consolidan un estado de deterioro que impide al equipo revertir la situación competitiva. Camino a la Recuperación del Rendimiento Cuando el equipo aplica de manera eficaz las estrategias de regulación emocional, tanto intrapersonales como interpersonales, se activa una trayectoria orientada a la recuperación del rendimiento. Esfuerzos de Regulación Intrapersonal En cuanto a la regulación emocional intrapersonal, los participantes señalaron la aceptación de errores como parte inherente del juego, destacando que una gestión eficaz del error resulta determinante para evitar la rumiación. El JM3 comenta cómo acepta y gestiona el error: “… el tema del error es lo que más ha afectado a la hora del colapso, intentar olvidar el error o que no pese tanto al equipo para salir del colapso o evitarlo. Tener claro que se falla en el voleibol, que se cometen errores, pero no darle tanta importancia y que no te cieguen los siguientes puntos (...), en el voleibol los puntos pasan muy rápido, entonces cuando pierdes un punto sea por lo que sea, concentrarte en el siguiente.” Además de la aceptación, algunos participantes mencionaron la adopción de perspectiva, una estrategia que consiste en relativizar el fallo para reducir la presión emocional y mantener la claridad cognitiva necesaria para continuar compitiendo. Esfuerzos de Regulación Interpersonal En relación con la regulación interpersonal, el 50% de los participantes subrayaron la importancia de la comunicación instruccional del entrenador durante los tiempos muertos. Esta estrategia se basa en simplificar la información y proporcionar una única instrucción, clara y concreta que permita al equipo focalizarse en una acción específica. Tal como explicó el EM3: “... quitar el foco del error o lo que estamos haciendo mal o de lo que deberíamos de hacer, por una acción concisa de ahora hacemos esto. Dar una indicación (...) dar una orden concisa de qué es lo que el equipo debe hacer, para que el equipo se enfoque en eso...”. Junto a la comunicación instruccional, los participantes destacaron la relevancia de la comunicación no verbal, especialmente en momentos críticos. Según el EM1: “...en esos momentos, creo que tienes que despertar más la emoción que hay dentro del jugador, más que direcciones tácticas…”. De igual manera, también intentan cuidar su lenguaje corporal, sobre todo cuando llegan los puntos clave o las situaciones difíciles. “... no es tan importante lo que dices, sino lo que quieres transmitir con el cuerpo, cómo estás tú, si te ven entero, te ven encorvado (...) influye mucho en lo que el jugador ve, lo que el jugador recibe de ti...”(EM1). Otras estrategias interpersonales que los participantes mencionaron utilizar son el comunicar o transmitir confianza, la redirección de la atención, la positividad contagiosa, la calma contagiosa, el motivarse y animarse entre ellos, el modelar roles, la interacción física o cercanía y el humor. Factores Cognitivos y Comportamentales Las estrategias de regulación emocional eficaces dieron lugar a una serie de procesos cognitivos y comportamentales que favorecieron la recuperación del rendimiento. El factor cognitivo mencionado por más participantes es la proactividad en el juego, entendida como la toma de decisiones orientada a incrementar la iniciativa de acción para mejorar la situación. El EM1 sugiere que: “…lo más importante es tomar una decisión y salir de esa duda, aunque la decisión sea correcta o incorrecta, pero debes tomar esa decisión y salir”. Otros factores cognitivos que compartieron los participantes fueron la confianza en el equipo, la cohesión, la concentración o el foco en el juego, la confianza en uno mismo y la búsqueda compartida de objetivos de rendimiento. En relación con las consecuencias comportamentales, el 50% de los participantes señalaron la importancia de elaborar estrategias conjuntas entre deportistas y cuerpo técnico. El JM2 ilustró este proceso colaborativo: “… tú dentro del campo como equipo, vives en una realidad distinta a la que se ve desde fuera, por ejemplo, desde fuera el staff tiene la plantilla con las estadísticas en vivo, incluso algunas personas llevan el vÍdeo donde pueden ver el bloqueo que está haciendo, y esa ayuda si te llega a ti y en el campo, pues igual encontráis la solución para poder darle la vuelta.” Finalmente, los participantes destacaron el papel de contar con un jugador de confianza, cuya presencia y comportamiento sirven como modelo y fuente de seguridad para el resto del equipo. El objetivo del presente estudio es analizar el fenómeno del colapso colectivo en equipos de voleibol profesional a partir de las experiencias de deportistas y entrenadores, identificando los factores antecedentes, eventos críticos, reacciones emocionales, estrategias de regulación emocional y consecuencias cognitivas y comportamentales que configuran dicho proceso. Los hallazgos proporcionan una comprensión específica de este fenómeno, aportando factores específicos del voleibol no identificados en investigaciones previas. Además, los resultados identifican que el colapso no responde únicamente a eventos críticos aislados, sino a la interacción entre estos eventos y los antecedentes, donde la gestión de los mecanismos de regulación emocional determinará la trayectoria hacia el colapso o hacia la recuperación del rendimiento. Otro hallazgo principal es que, a diferencia del modelo de Wergin, el presente estudio muestra la bidireccionalidad entre los caminos de colapso del equipo y recuperación del rendimiento. Así, este enfoque ofrece una hoja de ruta para la intervención psicológica preventiva. Una de las principales aportaciones del presente estudio es identificar y analizar los factores que conforman cada una de las categorías del modelo (antecedentes, eventos críticos, reacción emocional, estrategias de regulación emocional y factores cognitivos y comportamentales) en el contexto del voleibol profesional, aportando evidencia empírica sobre cómo se experimenta el colapso colectivo de acuerdo con el modelo de Wergin et al. (2025) en esta modalidad deportiva. Mientras que el modelo original (Wergin, 2018, 2019, 2025) se fundamentaba en diversos deportes colectivos, la focalización en una única modalidad ha permitido una mayor especificidad en los hallazgos, evidenciando los patrones y dinámicas característicos del voleibol profesional. Asimismo, la aproximación inductiva-deductiva adoptada ha posibilitado identificar tanto factores consistentes con dicho modelo como factores específicos no documentados previamente en el voleibol. Otro de los principales hallazgos de este estudio ha sido la observación de un proceso de intercambio dinámico bidireccional que ocurre entre la situación de colapso del equipo y la situación de recuperación del rendimiento. Según si los participantes aplicaban estrategias de regulación emocional (ya fuera de manera intra o interpersonal) se podía producir un intercambio entre ambas trayectorias, es decir, pasaban de la situación de colapso a la situación de recuperación del rendimiento y viceversa. Esto podría deberse a diferentes factores, o bien por una aplicación intermitente de las estrategias de regulación emocional, o bien por un agotamiento en la aplicación de dichas estrategias (Latinjak, 2025). Según este autor, el control mental constituye un recurso limitado que, al utilizarse constantemente, experimenta un proceso de agotamiento, lo que genera fatiga autorreguladora en las personas deportistas tras esfuerzos emocionales o cognitivos prolongados como un partido. En esta línea, los resultados del presente estudio muestran que los deportistas recurren al entrenador, a los compañeros de equipo, al jugador de confianza y al staff técnico como fuente de apoyo social, generando estrategias conjuntas para afrontar los momentos críticos del partido, en los que la cohesión y la confianza en el equipo se convierten en factores fundamentales. Estos recursos pueden reducir la carga del control mental individual y contribuir así a prevenir el agotamiento autorregulador. Este hallazgo supone una aportación relevante respecto al modelo inicial de Wergin (2025), el cual presentaba el colapso del equipo como un proceso lineal, sin contemplar esta posibilidad de intercambio dinámico entre trayectorias. Los resultados del presente estudio sugieren que, en consonancia con la naturaleza dinámica de la práctica deportiva, el colapso y la recuperación del rendimiento no siguen una secuencia unidireccional, sino que pueden alternarse en función de las estrategias de regulación emocional empleadas. Esta perspectiva se alinea con los planteamientos de la teoría de sistemas complejos aplicada al deporte, según la cual los equipos deportivos constituyen sistemas adaptativos complejos que interactúan de manera no lineal con su entorno (Balagué et al., 2020), donde pequeños cambios en el sistema pueden provocar grandes cambios no lineales en el mismo (Reed y Hughes, 2006). Esta perspectiva permite entender el colapso colectivo como un fenómeno fluctuante, sensible a las interacciones continuas entre emociones, cogniciones y conductas dentro del equipo. Esta bidireccionalidad del colapso conecta con la teoría del contagio emocional en deportes de equipo (Totterdell, 2000) y con la teoría de la regulación emocional interpersonal (Friesen et al., 2015; Tamminen y Crocker, 2013). Ambas teorías podrían contribuir a explicar cómo el equipo pasa de la trayectoria de colapso a la de recuperación, en la medida en que las estrategias aplicadas por los deportistas transformarían el clima afectivo del grupo y favorecerían el contagio de emociones positivas. En sentido contrario, estos marcos teóricos también permiten interpretar dos conductas observadas en los datos del presente estudio: la expresión visible de emociones negativas a través de gestos faciales actúa como mecanismo de contagio emocional entre compañeros (Barsade, 2002; Hatfield et al., 1992; Totterdell, 2000), mientras que la disminución considerable de la comunicación entre los miembros del equipo refleja la ausencia de estrategias de regulación emocional interpersonal (Friesen et al., 2015; Tamminen y Crocker, 2013). Ambos mecanismos propagan el afecto negativo y precipitan o mantienen el colapso colectivo, lo que también puede venir explicado por la frustración de las necesidades psicológicas básicas (Bartholomew et al., 2009; Trigueros et al., 2025). Una contribución relevante de este estudio ha sido la reorganización conceptual de los bloques temáticos de antecedentes y eventos críticos. En estudios previos, los factores correspondientes a ambos bloques temáticos fueron presentados de manera conjunta (Wergin et al., 2018, 2019, 2025). Esta nueva organización de los factores permite identificar con mayor precisión su naturaleza. Por la parte de antecedentes, se han organizado en internos al equipo (físicos y psicosociales: de gestión del equipo y gestión del partido) y en organizacionales. En cuanto a los eventos críticos, se han organizado en externos e internos al equipo y a su vez en eventos únicos o eventos repetitivos. Se ha realizado esta nueva organización de los temas de antecedentes y eventos críticos con el fin de ofrecer una estructura más precisa y coherente con los datos obtenidos. Así, el modelo general de colapso colectivo se puede beneficiar de esta organización de los bloques temáticos. El Modelo de Colapso Colectivo en Voleibol El modelo de colapso colectivo del equipo en voleibol se divide en cinco bloques temáticos. Primeramente, en el bloque temático de antecedentes se han identificado once factores no documentados previamente en los modelos de colapso colectivo, como el desplazamiento al partido, los pensamientos negativos, el jugador de confianza/líder, la relevancia del partido y las expectativas previas al partido. En lo que respecta a los pensamientos negativos, los hallazgos revelaron que, si un equipo se focaliza en el resultado que tiene que obtener, esto le genera tensión, hace que no les salgan bien las cosas y eso los lleva a tener pensamientos negativos. La literatura previa ha documentado el papel de los pensamientos negativos en el rendimiento bajo presión a nivel individual (Baumeister, 1984), pero su identificación como factor antecedente del colapso colectivo en voleibol constituye una aportación específica de este estudio. Estos resultados se relacionan con los de Apitzsch (2019), quien evidenció que, si un equipo se centra en los objetivos de resultado, puede aumentar la ansiedad y provocar pensamientos negativos, con lo que la probabilidad de un resultado desfavorable es alta. En este bloque temático de antecedentes, también se identificaron factores importantes coincidentes con el modelo previo, como por ejemplo la mala preparación, la falta de confianza y la edad/experiencia. Sin embargo, algunos factores presentes en el modelo anterior, como las jerarquías de equipo, no fueron reportados en el presente estudio. En relación con el bloque temático de eventos críticos, el presente estudio ha identificado ocho factores no documentados previamente en los modelos de colapso colectivo, entre los cuales se encuentran el cambio de táctica del rival, la lesión de un jugador clave, la desconfianza en el doble cambio, la pérdida del foco y la relajación del equipo. En cuanto a la desconfianza en el doble cambio, los estudios de McEwan y Crawford (2022) corroboran que los cambios en la composición del equipo durante el partido pueden provocar fallos en el trabajo en equipo. En consonancia con esta evidencia, en el presente estudio se identificó que, al realizar el doble cambio, se observaba un rendimiento deficiente posterior, lo que desencadenaba una crisis de confianza en el equipo. Sin embargo, investigaciones previas en voleibol han señalado que los deportistas suplentes pueden ejercer funciones de calma y apoyo mediante estrategias de regulación emocional interpersonal (Palmateer y Tamminen, 2017). Esta dualidad evidencia que las sustituciones constituyen un mecanismo de doble efecto, si bien pueden afectar el trabajo en equipo, también representan una oportunidad para la regulación emocional colectiva cuando los suplentes asumen roles de apoyo hacia sus compañeros. La literatura sobre dinámicas de sustitución en deportes de equipo ha mostrado que el efecto de los cambios depende tanto de la integración previa de los suplentes en la cohesión del equipo como de la claridad de su rol al entrar en pista (Carron et al., 2002; Eys et al., 2006). En este sentido, los suplentes que entran preparados y conocen su función específica pueden estabilizar el rendimiento del equipo, mientras que aquellos que entran sin esta preparación tienden a generar incertidumbre y a romper el ritmo del juego. Esta interpretación abre una línea de reflexión práctica para el cuerpo técnico, en la medida en que la gestión adecuada del banquillo y la preparación específica de los suplentes para entrar en momentos de presión podrían contribuir a transformar el doble cambio en un recurso de regulación colectiva en lugar de un detonante de colapso. Asimismo, algunos factores del modelo anterior también se identificaron en el presente estudio como el bajo rendimiento de jugadores clave y la acumulación de errores no forzados entre otros. En consonancia con la acumulación de errores no forzados, Peris-Delcampo (2020) señala que los errores se producen con frecuencia en el contexto deportivo, generando en algunos deportistas perturbación emocional y rumiación sobre el error cometido. En cuanto al bloque temático de la reacción emocional, el presente estudio identifica la impotencia y el miedo como emociones no reportadas en estudios anteriores. Los resultados del presente estudio muestran una diferenciación en las emociones de impotencia y desesperación según el sexo. Mientras que las jugadoras reportaron desesperación como reacción emocional al colapso, los jugadores experimentaron impotencia. Una hipótesis interpretativa que cabría explorar en futuras investigaciones es que esta diferencia esté modulada por factores hormonales como la testosterona, que se ha asociado con comportamientos de dominancia y búsqueda de estatus (Mazur y Booth, 1998). En esta línea hipotética, la impotencia en hombres podría reflejar la incapacidad de actuar para recuperar el control, en contraste con su orientación hormonal hacia la dominancia. Por su parte, la teoría tend-and-befriend (Taylor et al., 2000) plantea que las mujeres pueden responder al estrés mediante estrategias de afiliación y búsqueda de apoyo social, lo que abriría la posibilidad interpretativa de que la desesperación emerja cuando estas estrategias de conexión grupal fracasan. Futuras investigaciones podrían explorar cómo los mecanismos neuroendocrinos modulan las respuestas emocionales diferenciadas durante el colapso colectivo en equipos deportivos masculinos y femeninos. En relación con el bloque temático de camino al colapso, la estrategia de regulación emocional intrapersonal que aporta el estudio es el bloqueo emocional, mientras que, entre otras, la comunicación y comportamiento inadecuado del entrenador se identifica en este estudio como una estrategia interpersonal desadaptativa. Los hallazgos del presente estudio revelaron que la comunicación y el comportamiento inadecuado del entrenador se caracterizaron por un lenguaje corporal negativo, tono de voz elevado, interacciones conflictivas o agresivas, y expresiones gestuales desfavorables. Estos resultados se relacionan con los hallazgos de McEwan y Crawford (2022), quienes evidenciaron que las reprimendas y respuestas excesivamente negativas del cuerpo técnico ante los errores generan un juego vacilante y excesivamente cauteloso, disminuyendo la confianza de los deportistas. En esta línea, las expresiones de ira del entrenador se asocian con una percepción de mal rendimiento del equipo y un aumento de la ira en los deportistas (Van Kleef et al., 2019), mientras que el liderazgo autocrático (controlador, sin participación en decisiones) deteriora las estrategias de regulación emocional de las personas deportistas (Solakumur et al., 2023). En el contexto del voleibol, las charlas del entrenador en momentos clave del partido constituyen un canal de comunicación relevante para influir en el estado emocional del equipo (Raimundi et al., 2021). Además, los mensajes negativos incrementan la carga psicológica y los sentimientos de fatiga en las personas deportistas (Choi et al., 2020), quienes pueden recurrir a estrategias de regulación emocional para prevenir el contagio emocional no deseado (Tamminen et al., 2024). En este bloque del camino al colapso, algunos factores presentes en el modelo anterior, como la crítica destructiva, no fueron reportados en este estudio; en cambio algunos factores sí se identificaron en la investigación como el expresar emociones negativas o la falta de interacción, entre otros. En cuanto a los factores cognitivos, el presente estudio identifica la repetición de experiencias previas negativas y la falta de interiorización de las indicaciones. Como factores comportamentales no documentados previamente en los modelos de colapso colectivo, el presente estudio identifica las decisiones erróneas del entrenador y la dificultad para conseguir el punto. Respecto a las decisiones erróneas del entrenador, la literatura sobre comportamientos del entrenador ha mostrado que los estilos controladores y las decisiones percibidas como inadecuadas pueden influir negativamente en la motivación y el rendimiento del equipo (Bartholomew et al., 2009), aspecto que en los datos del presente estudio emerge específicamente como factor comportamental que mantiene al equipo en colapso. Asimismo, McEwan y Crawford (2022) señalan la importancia de que los entrenadores desarrollen continuamente su familiaridad con la plantilla, ya que esto les permite tomar decisiones adecuadas respecto a los cambios. Por otro lado, ciertos factores presentes en el modelo anterior, como los juegos ilegales, no fueron reportados en este estudio; aunque factores cognitivos como la inseguridad o la individualización y factores comportamentales como la disminución considerable de la comunicación o el contagio del bajo rendimiento sí se identificaron en la presente investigación. Finalmente, en el camino a la recuperación del rendimiento, el presente estudio identifica las estrategias de regulación emocional interpersonal de comunicación instruccional y de comunicación no verbal. En lo que respecta a las primeras, los participantes de este estudio señalaron que recibir una única instrucción, clara y concisa, sobre la tarea a realizar les permitía focalizar su atención de manera más efectiva. Este hallazgo coincide con el planteamiento de McEwan y Crawford (2022), quienes destacaron la importancia de proporcionar comentarios sencillos y específicos durante los descansos para facilitar la ejecución efectiva del trabajo en equipo. En este bloque del camino a la recuperación del rendimiento, algunos factores presentes en el modelo anterior, como el aceptar los errores o el comunicar/transmitir confianza, también se describen en el presente estudio. Respecto a los factores cognitivos, el presente estudio identifica factores como la proactividad en el juego o la cohesión, también coincidentes con el modelo anterior. En esta línea, las estrategias de afrontamiento orientadas a rendir bajo presión y la cohesión grupal orientada a la tarea se han asociado a un mejor rendimiento en jugadores de voleibol (Lopes Vieira et al., 2024). De forma complementaria, este estudio identifica como factor comportamental no recogido previamente en los modelos de colapso colectivo el tener un jugador de confianza, entendido como aquel deportista titular o capitán que ejerce una función de referente dentro del equipo a partir de su credibilidad técnica, su estabilidad emocional y su capacidad de servir como modelo y soporte para sus compañeros. La literatura sobre liderazgo en equipos deportivos ha mostrado que el liderazgo no recae exclusivamente sobre el capitán formal, sino que se distribuye entre distintos jugadores que ejercen funciones de liderazgo en diferentes ámbitos: tarea, motivación, social y externo (Fransen et al., 2014). Cada uno de estos roles contribuye al funcionamiento del equipo de manera específica, y los jugadores percibidos como líderes por sus compañeros suelen ser aquellos que combinan competencia técnica con habilidades interpersonales. En esta línea, Loughead et al. (2006) describieron el liderazgo del jugador como un proceso que influye directamente en la cohesión, la confianza colectiva y el rendimiento del equipo, especialmente en momentos de presión competitiva. La presente investigación respalda el trabajo de Tamminen y Crocker (2013), en el que los roles de equipo parecen influir en la autorregulación y la regulación emocional interpersonal. Similar a su investigación, se encontró que los deportistas necesitaban contar con un jugador de confianza en la pista, cuya presencia y comportamiento sirvieran como modelo y fuente de seguridad para el equipo. Por lo tanto, los roles de equipo y los comportamientos de liderazgo (Eys et al., 2006; Fransen et al., 2014; Loughead et al., 2006) parecen ser importantes a la hora de regular sus emociones y las de los compañeros del equipo. Al contrastar las categorías emergentes del presente estudio con los factores descritos por Palmateer y Tamminen (2017), se han identificado coincidencias en aspectos como la cultura de equipo, el liderazgo, la posición y las preferencias individuales en la regulación de estados emocionales. La identificación de factores no documentados previamente en los modelos de colapso colectivo, así como la ausencia de otros presentes en el modelo original se puede explicar por la especificidad del contexto del voleibol. Cabe señalar que es plausible que algunos de estos factores específicos del voleibol se identifiquen en la aplicación del modelo a otros deportes de equipo. Este estudio presenta como limitación la ausencia de mujeres entrenadoras en la muestra. A pesar de los esfuerzos realizados para alcanzar un equilibrio de género, la escasa representación de mujeres en puestos de entrenamiento de alto nivel en voleibol profesional imposibilitó su inclusión, lo que restringe la exploración de la perspectiva femenina en el rol de entrenadora. Las entrenadoras podrían haber aportado evidencia relacionada con el estilo de comunicación emocional, la modelización de estrategias de regulación emocional dentro del equipo y la dinámica de identificación entre entrenadora y jugadoras, aspectos documentados en la literatura sobre relación entrenador-deportista y representación femenina en el liderazgo deportivo (Felton y Jowett, 2013; Norman, 2010). Atendiendo al papel determinante de las emociones en el colapso del equipo, y considerando que existe evidencia que sugiere que las mujeres pueden beneficiarse más de la regulación social de las emociones (Flores y Berenbaum, 2012) y que las atletas femeninas buscan apoyo con más frecuencia que los atletas masculinos (Crocker y Graham, 1995; Hoar et al., 2010), se sugiere que futuras investigaciones exploren las posibles diferencias en la manifestación del colapso colectivo entre equipos femeninos y masculinos, así como el rol diferencial de las emociones en cada contexto. Además, se recomienda que futuras investigaciones examinen el colapso colectivo del equipo en diferentes deportes colectivos, con el fin de identificar qué factores del modelo son comunes y cuáles son específicos de cada modalidad deportiva. Este estudio aporta implicaciones prácticas dirigidas a deportistas, cuerpo técnico y personas que trabajan la psicología del deporte especializadas en voleibol, orientadas a la prevención del colapso colectivo o a minimizar su impacto en el rendimiento del equipo. En cuanto a las implicaciones prácticas para deportistas, se sugiere la adopción de objetivos de proceso o rendimiento frente a objetivos de resultado, dado que estos facilitan la focalización atencional en el momento presente y en las conductas específicas a ejecutar durante el partido, lo que favorece un desempeño óptimo (Apitzsch, 2019; Burton et al., 2001). Complementariamente, se recomienda la identificación de jugadores de confianza o líderes dentro del equipo, puesto que estos desempeñan un rol fundamental en la regulación de las emociones de los miembros del equipo y en la modulación de las emociones colectivas (Tamminen et al., 2016b). En relación con el cuerpo técnico, se recomienda mantener un lenguaje corporal neutro evitando la expresión de emociones negativas (Apitzsch, 2019), dado que estas expresiones pueden ser interpretadas y explotadas por el equipo rival, mientras que la neutralidad emocional proporciona esperanza, motivación y un sentido de convicción al propio equipo (Schei et al., 2022). Asimismo, resulta relevante que el cuerpo técnico considere los factores antecedentes al colapso identificados en este estudio, tales como el desplazamiento al partido o la mala preparación, con el fin de anticipar y mitigar su posible impacto en el rendimiento del equipo. Finalmente, en cuanto a las implicaciones prácticas para profesionales que desarrollan la psicología del deporte especializados en voleibol, se sugiere la elaboración de programas de entrenamiento psicológico adaptados a la dinámica específica del voleibol. Estos programas deberían incorporar estrategias de regulación emocional intrapersonal e interpersonal dirigidas a los factores como la gestión de los pensamientos negativos, las expectativas previas al partido, la acumulación de errores no forzados o la presencia del jugador de confianza como referente emocional para el equipo. Asimismo, se recomienda la implementación de talleres orientados al desarrollo de la cohesión grupal, el fortalecimiento de la confianza entre los miembros del equipo y la aceptación del error como parte del proceso competitivo. El presente estudio es el primero en investigar el colapso colectivo del equipo en voleibol profesional, revelando factores no documentados previamente en los modelos de colapso colectivo en cada una de las fases del modelo. A diferencia del modelo lineal previo, los hallazgos evidencian una bidireccionalidad entre las fases de colapso y recuperación del rendimiento, donde las estrategias de regulación emocional intra e interpersonales constituyen el eje principal mediante el cual el equipo puede prevenir o revertir el colapso. Estos hallazgos contribuyen a la literatura existente y ofrecen un marco específico para el desarrollo de estrategias de intervención en este deporte. Nota Los acrónimos JF, JM, EF y EM hacen referencia al tipo de participante: jugadora femenina, jugador masculino, entrenador de equipo femenino y entrenador de equipo masculino, respectivamente. El número al lado del acrónimo hace referencia al participante de ese colectivo, por ejemplo, JF2 correspondería a la jugadora femenina 2. Para citar este artículo: Puértolas Marin, L., Prato Valderrama, L., López Chamorro, José Mª. y Alcaraz García, S. (2026). El colapso colectivo del equipo en voleibol profesional: estudio cualitativo sobre causas, desarrollo y gestión psicológica. Revista de Psicología Aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico, 11, Artículo e12. https://doi.org/10.5093/rpadef2026a12 Nota Los acrónimos JF, JM, EF y EM hacen referencia al tipo de participante: jugadora femenina, jugador masculino, entrenador de equipo femenino y entrenador de equipo masculino, respectivamente. El número al lado del acrónimo hace referencia al participante de ese colectivo, por ejemplo, JF2 correspondería a la jugadora femenina 2. Referencias Anexo
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Para citar este artículo: Puértolas Marin, L., Valderrama, L. P., López Chamorro, J. M. y Alcaraz Garcia, S. (2026). El colapso colectivo del equipo en voleibol profesional: estudio cualitativo sobre causas, desarrollo y gestión psicológica. Revista de Psicología Aplicada al Deporte y el Ejercicio Físico, 11, Artículo e12. https://doi.org/10.5093/rpadef2026a12
La correspondencia sobre este artículo debe enviarse a Laura Puértolas Marín: lpuertolas@gencat.catCopyright © 2026. Colegio Oficial de la Psicología de Madrid