Colegio oficial de psicólogos de Madrid Revista de Psicología Aplicada
al Deporte y al
Ejercicio Físico

Vol. 1. Núm. 1. Noviembre 2016. Páginas e4, 1-11

Entrenamiento psicológico para la mejora de la atención y la autoconfianza en un futbolista

Psychological Training to Improve Attention and Self-Confidence in a Soccer Player

Treinamento psicológico para melhorar a atenção e auto-confiança em um jogador do futebol

Aurelio Olmedilla y Julián J. Dominguez-Igual

Universidad de Murcia, España

Recibido a 2 de Junio de 2016, Aceptado a 3 de Septiembre de 2016

Resumen

En este trabajo se presenta una intervención psicológica con un jugador de fútbol profesional que muestra un nivel muy bajo de confianza y problemas para poder concentrarse durante las competiciones. Desde un enfoque cognitivo-conductual se implementó un programa de entrenamiento psicológico con una duración de cuatro meses. Se realizó una evaluación inicial y final para valorar la satisfacción y la eficacia del programa. La intervención estuvo formada por técnicas y estrategias como reestructuración cognitiva, establecimiento de objetivos, plan de competición, auto-registros conductuales y técnicas de relajación y visualización. Al finalizar el programa el futbolista muestra un nivel mucho más alto de confianza y tiene recursos eficaces para poder concentrarse tanto en los partidos como en los entrenamientos. Se postula la adecuación del enfoque cognitivo-conductual a la intervención psicológica en el ámbito deportivo, enfatizando la importancia de incorporar estrategias psicológicas en el trabajo del entrenamiento deportivo.

Abstract

This paper presents a psychological intervention with a professional soccer player with very low self-confidence and trouble concentrating during competition. With a cognitive-behavioral approach, a psychological training program lasting four months was implemented. Baseline and final evaluations were conducted to assess the satisfaction with and the effectiveness of the program. The intervention consisted of techniques and strategies such as cognitive restructuring, setting goals, competition plan, behavioral selfassessment and relaxation and visualization techniques. At the end of the program the player shows a much higher level of confidence and possesses effective resources to be able to concentrate during both games and training sessions. The adaptation of cognitivebehavioral psychological intervention to sports is considered, emphasizing the importance of incorporating psychological strategies in the work of sports training.

Resumo

Este artigo apresenta uma intervenção psicológica com um jogador de futebol profissional, que mostra um nível muito baixo de confiança e problemas para se concentrar durante as competições. A partir duma abordagem cognitivo-comportamental, implementou-se um programa de treinamento psicológico com uma duração de quatro meses. Levou-se a cabo avaliação inicial e final para valorar a satisfação e a eficácia do programa. A intervenção consistiu de técnicas e estratégias como a reestruturação cognitiva, o estabelecimento de objetivos, plano de competição, auto-registos comportamentais e técnicas de visualização e de relaxação. No final do programa, o jogador mostra um nível de confiança muito mais elevado e tem recursos eficaces para se concentrar tanto nos jogos como nos treinamentos. Defende-se a adequação da intervenção psicológica cognitivo-comportamental no esporte, enfatizando a importância de incorporar estratégias psicológicas no trabalho de treinamento esportivo.

Palabras clave

Preparación mental, enfoque cognitivo-conductual, fútbol, rendimiento, CPRD.

Keywords

Mental Preparation, cognitive-behavioral approach, soccer, performance, CPRD.

Palabras-chave

preparação mental, abordagem cognitivo-comportamental, futebol, desempenho, CPRD.

La disposición psicológica del deportista es una de las variables a tener en cuenta para el rendimiento deportivo (Buceta, 1998; Cox, 2008; Weinberg y Gould, 2010). Así, el entrenamiento psicológico, como una parte más del entrenamiento deportivo, se ha ido incluyendo en el método de trabajo de muchos deportistas y equipos deportivos (Abenza et al., 2014; Chicau, Silva y Palmi, 2012; García-Naveira y Jerez, 2012; Jaenes, Caracuel y Peñaloza, 2012; Olmedilla, Ortega, González y Serpa, 2015; Wood y Wilson, 2012). Generalmente, mediante este trabajo se persigue que el deportista aprenda habilidades y estrategias psicológicas que le permitan, por un lado, afrontar las diferentes situaciones deportivas y responder adecuadamente ante estas demandas (Buceta, López de la Llave, Pérez-Llantada, Vallejo y del Pino, 2002; Cantón, Checa y Ortín, 2009; Olivares, López y Garcés de los Fayos, 2016; Reyes, Raimundi y Gómez, 2012; Wood y Wilson, 2012), y por otro, realizar una práctica deportiva satisfactoria con una percepción de bienestar psicológico que le permita crecer y madurar como persona (Olmedilla, Ortega, Ortín y Andreu, 2008; Olmedilla, Bazaco, Ortega y Boladeras, 2011; Romero et al., 2010; Salgado, Rivas y García-Mas, 2011; Sheard y Golby, 2006).

El entrenamiento psicológico también está determinado por las características de la especialidad deportiva y del formato de trabajo psicológico a realizar (Buceta et al., 2002; Lorenzo, Gómez, Pujals y Lorenzo, 2012; Morilla et al., 2001). Olmedilla, Ortega, Boladeras, Ortín y Bazaco (2013) señalan que no es lo mismo preparar psicológicamente a un deportista que practica deporte individual, que preparar a un equipo deportivo, o preparar individualmente a un deportista que forma parte de un equipo, como es el caso que se presenta en este estudio. El psicólogo cuando trabaja con deportistas de forma individual puede tener un feedback más directo y fiable, que le permite observar la mejoría, en su caso, de diferentes aspectos psicológicos trabajados, además de la satisfacción del deportista con el trabajo y la aplicabilidad de lo aprendido en diferentes contextos; sin embargo, cuando el psicólogo trabaja con grupos o equipos deportivos puede no tener una visión tan clara del proceso de entrenamiento psicológico, apareciendo otras variables (relaciones entre los miembros, cooperación y cohesión, rendimiento individual y de equipo, resultados, etc.) que dificultan dicha percepción. Desde la perspectiva de la práctica profesional es muy importante que el psicólogo conozca los progresos de los deportistas en el aprendizaje de las técnicas y estrategias psicológicas, y su aplicación en el contexto deportivo, o incluso extradeportivo. No sólo debe interesar al psicólogo del deporte ver si el deportista, o el equipo, rinde mejor en el campo
o la pista, sino fundamentalmente como ha mejorado sus recursos psicológicos, su habilidad mental, en la línea de lo señalado por algunos autores respecto al control de estrés o reducción de la ansiedad (Godoy-Izquierdo, Vélez y Godoy, 2007; Junichi y Hajime, 2007; Landi, Benedetti y Merla, 2007; Munroe-Chandler, Murphy, Hall y Fishburne, 2007). En definitiva, la valoración del trabajo psicológico debe centrarse, básicamente, en la mejora del funcionamiento psicológico de los deportistas, valorando su progreso adaptativo, su relación con el rendimiento y su bienestar psicológico.

En el presente trabajo, en un proceso de pre y post evaluación e intervención, se expone el entrenamiento psicológico realizado con un futbolista de 23 años, centrado en el fortalecimiento de la autoconfianza y de la concentración. Los estudios de caso único son un método muy bueno para evaluar la eficacia de las intervenciones (Barker, Mellalieu, McCarthy, Jones y Moran, 2013; Turner y Barker, 2013), y tal y como indican Barker et al. (2013), últimamente han empezado a ser muy valorados, ya que pueden proporcionar un marco de referencia para investigadores y profesionales, sobre todo en el ámbito de la Psicología del Deporte Aplicada. Además de proporcionar un marco idóneo para mostrar la aplicación de los conceptos teóricos, y por lo tanto reducir la brecha entre teoría y práctica (Kuntz y Hesslar, 1998), suponen una muestra excelente de intervenciones en distintos aspectos del rendimiento o la salud (Abenza, Bravo y Olmedilla, 2006; Lameiras, Almeida, Pons y García-Mas, 2014; Latinjak, Font-Lladó, Zourbanos y Hatzigeorgiadis, 2016; Nieto y Olmedilla, 2001). Partiendo de la revisión realizada, los objetivos de presente trabajo son la mejora de la capacidad de concentración y autoconfianza del deportista. La hipótesis que se plantea es:
“el futbolista mejorará su capacidad de concentración y su nivel de autoconfianza tras la aplicación de un programa de entrenamiento psicológico específico”.


Método

Participante

El programa de intervención se llevó a cabo con un futbolista de 23 años, que desde los 6 años practica fútbol. Ha participado con su selección autonómica en el Campeonato de España. Desde juvenil formó parte de un club de la Liga de Fútbol Profesional, llegando a jugar la fase de ascenso a 2ªB con el equipo filial, y participó en los entrenamientos del primer equipo. Posteriormente ha jugado en la categoría 2ªB y disputado la fase de ascenso a 2ª División A, siendo nombrado como el quinto mejor sub-23 de la categoría. Actualmente, juega en un club de 2ªB, compaginando la práctica del fútbol (con 5 días de entrenamiento semanal - 2 horas cada entrenamiento -, y una competición - 2 horas – cada fin de semana) con sus estudios del Grado de Educación Social en la Universidad de Murcia, del que solo le faltan dos asignaturas para graduarse.


Instrumentos y material

Para la evaluación psicológica inicial se utilizó el Cuestionario de Características Psicológicas para el Rendimiento Deportivo (CPRD) de Gimeno, Buceta y Pérez-Llantada (2001). El CPRD es un instrumento válido y fiable que consta de 55 ítems distribuidos en cinco factores: Control de Estrés, Influencia de la Evaluación del Rendimiento, Motivación, Habilidad Mental y Cohesión de Equipo. En el presente trabajo solo se presentan los resultados de Autoconfianza y de Atención, pertenecientes a los factores Control de Estrés e Influencia de la Evaluación del Rendimiento.

Además se presentan los resultados de los aspectos conformados por los ítems específicos de cada variable analizados por el propio programa informático del CPRD, así como los derivados de la tolerancia al bajo rendimiento muy relacionados con los anteriores (Gimeno y Buceta, 2010). Así, se presentan los valores de la Atención en tres aspectos asociados con esta función: la habilidad para estar concentrado, la falta de habilidad general y los motivos específicos para la pérdida de concentración; los valores de la Autoconfianza en otros tres aspectos relacionados con esta variable: la confianza general, la competición y los entrenamientos; y los valores de la Tolerancia al bajo rendimiento del deportista también en tres aspectos: las malas actuaciones, los errores y las críticas.

Se ha considerado este cuestionario por ser uno de los instrumentos que mayor utilidad está mostrando en la evaluación de las características psicológicas implicadas en el rendimiento deportivo, en la continuidad en el deporte de competición y en el éxito deportivo (Gimeno y Buceta, 2010; Gimeno, Buceta y Pérez-Llantada, 2007). El CPRD se cumplimentó en dos sesiones dado que algunos de los ítems, además de ser contestados en forma de escala tipo Likert (0 = totalmente en desacuerdo; 4 = totalmente de acuerdo), eran abordados con mayor profundidad para obtener una mejor información de lo que el deportista realmente pensaba, sentía o actuaba en relación a la cuestión planteada en el ítem. Esta información ayudó a la creación de registros de auto-observación y
seguimiento del programa de entrenamiento psicológico.

Además del CPRD, también se utilizó un registro ad hoc (ver un ejemplo en Anexo I) para analizar las fortalezas y debilidades psicológicas percibidas por el deportista, denominado Aspectos Psicológicos Fuertes y Débiles que el deportista debía de cumplimentar en casa, el cual se analizó con el psicólogo posteriormente.

Para la evaluación psicológica final (evaluación post-intervención) se volvió a utilizar el CPRD y un cuestionario ad hoc de evaluación de la preparación psicológica (en la Tabla 2 del apartado de Resultados se puede ver), que servía para obtener una reflexión sobre la preparación psicológica realizada, evaluando cuantitativa y cualitativamente diferentes aspectos de la misma, lo que puede ayudar a valorar mejor la eficacia de técnicas, estrategias y procedimientos.


Procedimiento y diseño de la intervención

La demanda psicológica inicial del futbolista fue mejorar su rendimiento deportivo, concretamente mejorar su rendimiento en los partidos, ya que “no me siento un futbolista importante… me siento como agarrotado durante los partidos… no hago que ocurran cosas, me da miedo fallar”. A partir de la entrevista inicial y de la cumplimentación de aspectos psicológicos fuertes y débiles (“me ocurre en los partidos que suelo distraerme con facilidad y perder la concentración, me pongo a pensar en cosas o mirar cosas realmente absurdas”, “no tengo confianza en mis posibilidades, trato de no fallar en
vez de arriesgarme, jugando muy cohibido”), se propuso un programa de entrenamiento psicológico centrado en la mejoría de la concentración en competición y de la autoconfianza, aspectos que preocupaban mucho al futbolista. El programa duró 4 meses, desde febrero de 2016 hasta mayo de 2016, y estuvo compuesto por 9 sesiones de 1 hora (aproximadamente) de duración cada una. El marco teórico para la implementación del programa de intervención es el propuesto por la Terapia Cognitivo Conductual, utilizada por una buena parte de los profesionales de la Psicología del Deporte (Lindern, 2016; Mostaan, Sanatkaran y Bahari, 2015) y considerando los cuatro principios clave de la misma señalados por McArdle y Moore (2012): que los sesgos sistemáticos del procesamiento de información juegan un papel crucial en el desarrollo y mantenimiento de los problemas psicológicos, que el cambio cognitivo es fundamental para un resultado terapéutico positivo, el reconocimiento de tres tipos distintos de conocimientos en diferentes niveles de procesamiento cognitivo (creencias, reglas y pensamientos automáticos), y que los diferentes problemas o trastornos se pueden diferenciar en las bases de contenido cognitivo específico.

Cabe destacar que la intervención estuvo formada por la aplicación de técnicas y estrategias como reestructuración cognitiva, establecimiento de objetivos, plan de competición, auto-registros conductuales y técnicas de relajación y visualización (Lindern, 2016; Mostaan et al., 2015).

La secuencia del trabajo realizado fue la siguiente:

a) Evaluación psicológica inicial.
    Determinación del perfil psicológico.
b) Intervención psicológica y seguimiento.
    Explicación, aprendizaje y aplicación de técnicas y estrategias
c) Evaluación psicológica final.
    Valoración de la eficacia del programa y recomendaciones de futuro.

En la Tabla 1 se puede observar el desarrollo del programa de intervención, así como las actividades que el deportista debía de realizar en el periodo inter- sesiones.

Resultados

Se muestran agrupados en figuras los valores (percentiles según los baremos del propio cuestionario) de los factores del CPRD pertinentes a las variables Autoconfianza y Atención, correspondientes a la evaluación inicial y la final, para poder observar la diferencia entre ambos momentos, utilizando el sistema de corrección del programa informático del CPRD (Gimeno y Buceta, 2010). En la Figura 1 se pueden observar los valores de Autoconfianza y de Atención del factor Control de Estrés del CPRD que, en ambos casos, experimentan un aumento tras la inter vención. Respecto a la Autoconfianza el jugador parece haber mejorado tanto en su confianza general hacia la práctica del fútbol (“mi confianza en mí mismo es ahora más fuerte y estable, ningún contratiempo como cualquier pequeña lesión o un mal entrenamiento la va a debilitar”, “tengo más fe en mí mismo”), como la referida a la competición (“en la mayoría de los partidos confío en que lo haré bien”; “no tengo apenas dudas respecto a mis posibilidades de hacerlo bien en un partido”, “aunque comience mal un partido sigo
confiando en mí mismo”). Respecto a la Atención el jugador también parece haber mejorado, sobre todo en el mantenimiento atencional y focalización durante los partidos (“durante mi actuación en un partido consigo centrar mi atención en lo que tengo que hacer”, “me concentro con facilidad en aquello que es lo más importante en cada momento del partido”, “cuando cometo un error consigo concentrarme rápidamente en lo que tengo que hacer”).

En la Figura 2 se pueden observar los valores de Autoconfianza y de Atención del factor Influencia de la Evaluación del Rendimiento del CPRD, en el que se aprecia un aumento importante en las dos variables. Respecto a la Autoconfianza el jugador considera que su nivel de confianza para un partido no depende como antes de los éxitos o fracasos en partidos anteriores, gestionando mejor la presión e influencia de los resultados sobre el rendimiento. Respecto a la Atención el jugador también parece haber mejorado, sobre todo al poder mantener la concentración en el partido a pesar de no estar jugando bien.

En la Figura 3 se pueden observar los valores que el CPRD muestra en relación a la Atención en tres aspectos relacionados con esta función: habilidad para estar concentrado, falta de habilidad general y motivos específicos para la pérdida de concentración. Se aprecia un aumento en los tres. Respecto a la habilidad para estar concentrado el jugador considera que se concentra con mayor facilidad en aquello que es lo más importante en cada momento de un partido y que durante los entrenamientos suele estar muy concentrado en lo que tiene que hacer. Respecto a la falta de habilidad general considera que no suele tener problemas para concentrarse mientras compite y que durante su participación en un partido puede focalizar su atención en lo verdaderamente importante. Respecto a los motivos específicos para la pérdida de concentración considera que no pierde ésta aunque perciba que lo hace mal, ni cuando comete errores.

En la Figura 4 se pueden observar los valores que el CPRD muestra respecto a la Autoconfianza en tres aspectos relacionados con esta variable: confianza general, competición y entrenamientos. Se aprecia un aumento en los tres. Respecto a la confianza general el jugador considera que tiene bastante más confianza y fe en sí mismo que anteriormente, y que aquélla es más estable. Respecto a la confianza competitiva (durante la competición) considera que en la mayoría de los partidos confía en que lo hará bien, con muy pocas dudas, y además confía en seguir haciendo un buen partido aunque comience mal, o se trate de una de sus peores actuaciones, confiando en sí mismo aún en los momentos más difíciles de un partido. Respecto a los entrenamientos considera que suele mantener muy bien la concentración en aquello que es lo más relevante.

En la Figura 5 se pueden observar los valores que el CPRD muestra respecto a la Tolerancia al bajo rendimiento del deportista en tres aspectos: malas actuaciones, errores y críticas. Se aprecia un aumento en dos de estos tres aspectos, en malas actuaciones y en errores, manteniendo el valor inicial en críticas (que en ambos casos, inicial y final es medio alto, con un valor del 75%). Respecto a las malas actuaciones el jugador considera que ha mejorado en confianza ya que ésta no se resiente aunque comienza mal un partido, o aunque lo esté jugando mal, además en estos casos no pierde la concentración ni le preocupa lo que piensen los otros (entrenador, compañeros, público, etc.). Respecto a los errores considera que ha mejorado mucho ya que ahora no se pone ansioso y además consigue olvidarse rápidamente del error y concentrarse en lo que tiene que hacer.

Respecto a la valoración realizada por el deportista a través del Cuestionario de Evaluación de la Preparación Psicológica se le sugirió hacer ésta tanto cuantitativa (en una escala de 0 a 10, donde 0 = nada y 10 = mucho) como cualitativamente (análisis de contenido de respuesta). En la Tabla 2 se puede observar las respuestas del sujeto.

Discusión

Los resultados confirman la hipótesis planteada (“el futbolista mejorará su capacidad de concentración y su nivel de autoconfianza tras la aplicación de un programa de entrenamiento psicológico específico”). La observación de la evaluación psicológica final comparada con la inicial del futbolista parece indicar que, efectivamente, éste ha conseguido mejorar sus recursos psicológicos aplicados al ámbito deportivo, tanto en la competición como en los entrenamientos. De hecho, una de las claves para el éxito deportivo es, precisamente, el disponer de un buen repertorio de habilidades y de recursos psicológicos que le permitan al deportista gestionar adecuadamente los requerimientos del contexto. En este caso, el trabajo se centró en la mejora de la autoconfianza y la concentración del jugador; ambas son dos variables citadas por los propios deportistas como fundamentales en su rendimiento (Weinberg y Gould, 2010), y por lo tanto objeto de intervención psicológica (Latinjak, Torregrosa y Renom, 2009; Mora, Zarco y Blanca, 2001).

Desde la perspectiva de una gestión adecuada del estrés propio de la competición y del entrenamiento, el jugador ha mostrado una mejoría importante, ya que se ve con un nivel de confianza bastante más alto, tanto a nivel general (confianza en sí mismo) como en el desarrollo de los partidos (confianza en sus posibilidades y asunción positiva de errores); y parece evidenciar una mejor capacidad de concentración (concentración en lo relevante, no anclaje en los errores). Por otro lado, desde la perspectiva de la presión que genera la influencia de la evaluación de su rendimiento, el jugador también ha mostrado una significativa mejoría, ya que se ve con una confianza más estable y consolidada, no dependiente de resultados anteriores, y puede mantener la concentración durante el partido a pesar de no estar jugando bien.

En general se puede indicar que el jugador ha mejorado su capacidad de concentración y su nivel de autoconfianza. Respecto a la primera por haber adquirido mayor habilidad para concentrarse y poder hacerlo tanto en los partidos como en los entrenamientos, sabiendo diferenciar los estímulos relevantes de los que no lo son, además de reinterpretar los errores desde una perspectiva diferente, percibiéndolos como algo natural de la práctica deportiva. Respecto a la autoconfianza por considerarse con mayor confianza general, y competir con mayor seguridad en sí mismo y en sus posibilidades. Además, los datos obtenidos en Tolerancia al bajo rendimiento vienen a confirmar lo anterior, ya que el jugador considera que las malas actuaciones, cuando juega mal un partido o lo está jugando no merma como antes su confianza, ni pierde la concentración, ni le preocupa lo que piensen los demás, lo que hace mejorar su rendimiento y satisfacción personal.

Respecto a la evaluación que el sujeto hace del programa de intervención psicológica, en general se puede afirmar que su satisfacción y su utilidad respecto al mismo son muy buenas. En línea con Page y Thelwell (2013) se puede considerar que la “validación social”, es decir la evaluación que realizan los sujetos sobre la formación recibida, es básica, usándose además de para determinar la satisfacción con la intervención y la eficacia de la misma (Olmedilla, Ortega, Ortín y Andreu, 2010), para proporcionar datos válidos para futuras intervenciones. Diferentes autores (Neil, Hanton y Mellalieu, 2013; Olmedilla et al., 2008) consideran que algunas de las formas que pueden servir para evaluar este proceso de formación psicológica son el índice de satisfacción que tienen los deportistas respecto al programa recibido y la evaluación específica que realizan sobre el mismo, procedimiento necesario para validar la intervención psicológica. En este caso, se puede considerar que el jugador está muy satisfecho con el programa recibido (señalando como claves algunas de las técnicas y estrategias utilizadas, como el establecimiento de objetivos para el partido, o la visualización), que le ha servido en gran medida para su preparación deportiva general (disposición cognitiva diferente del contexto deportivo, mayor relativización de algunas “verdades futbolísticas”) y que le ha resultado fundamental para su participación en los partidos (el trabajo con objetivos le ha ayudado a concentrarse mejor, y por ende a tener más confianza en lo que hace; el registro de errores le ha servido para abordar éstos de manera diferente, tanto racional como emocionalmente). Ratificando alguno de los aspectos
vivenciales de los experimentos de comportamiento (Bennett-Levy, 2003), en los que la planificación de tareas proporciona al sujeto una experiencia que pone a prueba su creencia, impulsando la construcción de nuevas creencias más adaptativas y contribuir aún más al desarrollo de la formulación (Bennett-Levy et al., 2004; Turner, Slater y Barker, 2014).

La valoración de estrategias y técnicas, tanto a nivel de satisfacción como de eficacia, permite señalar que el jugador con algunas estrategias (registro de errores durante el partido, plan de competición) no está totalmente satisfecho (8 para la primera; 6 para la segunda), y sin embargo sí las considera muy eficaces (10 en ambos casos). También es reseñable el valor que le otorga a la práctica de la visualización (10 en satisfacción y en eficacia), lo que de alguna manera ratifica la importancia de esta técnica en los programas de entrenamiento psicológico, tal y como indican diferentes autores (De la Vega, 2002; Jordet, 2005; Nordin y Cumming, 2008; Rodríguez y Galán, 2007; Stewart y Hall, 2016; Wright, McCormick, Birks, Loporto y Holmes, 2015).

Por último, indicar que la presentación de estudios de caso es muy necesaria, pero tal y como señalan McArdle y Moore (2012), y desde la perspectiva cognitivo-conductual, sería importante desarrollar un sistema basado en la evidencia para orientar a los profesionales de la Psicología del Deporte que adoptan esta perspectiva. Algunos autores (Bieling y Kuyken, 2003) recomiendan que los estudios de caso cumplan los criterios de fiabilidad (los psicólogos del deporte ¿pueden presentar de forma fiable sus casos?, calidad (los estudios de caso ¿existe coherencia entre los constructos clave utilizados y las áreas problemáticas del deportista?) y resultado (el estudio de casos ¿conduce a la mejora de resultados de la intervención?).

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Anexo I. Valoración subjetiva de mi perfil psicológico: puntos fuertes y débiles (ejemplo)

ASPECTOS PSICOLÓGICOS FUERTES ASPECTOS PSICOLÓGICOS DÉBILES
Factor Psicológico Ejemplo deportivo Factor Psicológico Ejemplo deportivo
  Me considero un deportista con mentalidad ganadora, porque nunca me doy por vencido y pase lo que pase lucho hasta el final y pienso que siempre donde he jugado he tenido buenos resultados.   Cuando juego un partido, en muchas ocasiones, trato de hacerlo de tal forma de que no falle, y cuando destaca un futbolista es cuando tiene la confianza de fallar y volver a fallar. Tengo calidad para sacar las faltas y córner pero cuando he sacado alguno en el partido, cuando hay tanta gente mirándome la lanzo para no fallar y no quedar mal, es decir, no la lanzo con confianza y entonces el balón sale templado. Cuando entreno y ensayo centros y faltas, como no tengo presión le pego realmente bien, porque es así como sé pegarle.
Mentalidad ganadora   No me siento un futbolista importante en un partido. No siento que pueda cambiar el trayecto del equipo, no hago por que ocurran cosas (en ciertas ocasiones). Trato de no fallar más que arriesgarme a hacer por que las cosas ocurran.
  En otro aspecto de mi vida   En otro aspecto de mi vida
  En la universidad, donde la compatibilidad de horarios es bastante difícil, siempre hablo con los profesores y llego a un acuerdo. Pese a la dificultad de las circunstancias, intento sacar todo adelante. Diría que siempre pienso que me van a ir bien las cosas.   En otros aspectos de mi vida no lo siento así, suelo se más tranquilo y no me afecta fallar. En la universidad suelo hablar en público y no tengo ningún problema, creo que se refleja más en el fútbol.

Aurelio Olmedilla es Psicólogo, Profesor Titular del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Murcia. Director
del Servicio de Actividades Deportivas de la Universidad de Murcia. Editor Jefe de la Revista de Psicología del Deporte.
Julián José Domínguez-Igual es Graduado en Educación Social por la Universidad de Murcia.


La Correspondencia sobre este articulo debe enviarse al primer autor al Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. Facultad de
Psicología. Universidad de Murcia. Campus de Espinardo. 30100 Espinardo. Murcia. E-mail: olmedilla@um.es

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